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daniloalberovergara 8/22/2022 7:15:32 AM
daniloalberovergara
Mendace veritas o la posverdad
Danilo Albero Vergara Escritor argentino
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Literatura latinoamericana, ensayos literarios, relatos, literatura hispanoamericana
 

En el prólogo de Relatos verídicos, donde cuenta sus experiencias de viajes fantásticos -entre otros, el primer viaje a la luna y otros planetas registrado por la literatura-, Luciano de Samosata nos anuncia que, cuando resolvió dedicarse a escribir, se inspiró consultando autores consagrados. Quedó sorprendido por los relatos poco verosímiles a que refieren -en particular, los viajes de Ulises y Jasón- y, cuando vio que no tenía saberes ni vivencias para ser contadas, optó por la ficción y advierte al lector que todos sus relatos de viajero serán mentira.

Quince siglos después de Relatos verídicos, en Las aventuras del Barón de Münchhausen (1786), de G. A. Bürger, vemos que al Barón, camino a Rusia, lo sorprende la noche en un descampado nevado, ata el caballo en un tocón puntiagudo y se echa a dormir no lejos de allí. Por la mañana despierta al lado de una iglesia que, junto con el pueblo, estaba cubierta por la nieve; por la noche el tiempo había cambiado, se fundió la nieve y ahora el caballo colgaba atado a la torre de la iglesia, varios metros por encima suyo. A lo largo del libro e inverosímiles hazañas, a diferencia de Luciano, el Barón insistirá en que sus historias son, verídicas y, con esta actitud de gran mentiroso se identifica con otro famoso impostor -y arquetipo literario-: Pirgopolínices, protagonista El soldado fanfarrón (Miles gloriosus), la comedia de Plauto.

Siguiendo la máxima de Wilde Life imitates art far more than art imitates Life (la vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida), la magia de las aventuras del Barón y los viajes de Relatos Verídicos es que, en la pedestre realidad cotidiana, de alguna manera, somos protagonistas de hazañas de miles gloriosus cuando inventamos alguna aventura o recreamos en la memoria algún suceso de nuestro pasado. A Victoria, hija mayor de mi hermano, le conté una sola mentira sobre mi vida -a las mellizas Paula y Giulia, varias, cada vez que nos vemos-, cuando me preguntó por una cicatriz que tengo en la comisura de mi ojo izquierdo, producto de una caída cuando era chico le contesté, “un pedazo de vidrio que saltó de una ventana en un tiroteo en Kosovo cuando estuve como periodista”, mejor que Pirgopolínices. Y con esta mentira bien podría blasonar de tener síntomas del “síndrome de Münchausen”.

Porque, además, las aventuras y personalidad del Barón, han dejado su marca en la siquiatría con el “síndrome de Münchausen”, donde el paciente miente de forma patológica al fingir, con todo tipo de detalles, su enfermedad y así llamar la atención de las personas que le rodean y recibir cuidados. A diferencia de Argan de El enfermo imaginario, la comedia de Molière, y otro arquetipo literario: el hipocondríaco, que está convencido de padecer una dolencia, quienes padecen el “síndrome de Münchausen” saben que están sanos; de una manera sui generis son narradores.

Luciano y Bürger trabajan en territorios separados por una frontera de límites no muy claros: verdad y mentira, que en principio podrían también delimitar límites de la buena y mala conducta, del bien y del mal; porque verdad y mentira tienen rasgos que concuerdan: el porte, el modo de andar y el gesto, las contemplamos con los mismos ojos y una no existe sin la otra; no sólo somos débiles ante el fraude sino que muchas veces lo buscamos e incitamos para que nos atrape y esto le da a los relatos del Barón otro campo de influencia, la hoy cotidiana posverdad.

Posverdad, es un neologismo derivado de post-truth, término acuñado a principios de los ’90 para definir a las mentiras emotivas y la distorsión de la realidad, hecha de manera deliberada, para informar sucesos en los que son más influyentes los sentimientos o creencias personales que los hechos en sí mismos. La posverdad se ha viralizado con el uso de las redes sociales y la cultura digital; hoy en día cualquier individuo con un computador o un teléfono celular es un potencial cronista de fake news. Actualmente, a través de redes sociales se difunde información que, más allá de ser cierta o falsa, las personas defienden y critican desde sus emociones y no desde la objetividad de los sucesos; y también por el hecho de que esas mentiras se asumen como si fuesen verdad, porque así se sienten; o se asumen como reales, porque una colectividad las percibe como verdaderas.

Volviendo al Barón de Münchausen, en su procedimiento narrativo se puede apreciar, una suerte de manual periodístico para un redactor de fake news a través de tres recursos fundamentales del género: 1- recalcar que la historia es absolutamente verídica; 2- remitir a una autoridad erudita o moralmente intachable como fuente; 3- como sugiere en el cierre de su “Décima aventura marítima. Segundo viaje a la luna”, invitar a los incrédulos a que verifiquen personalmente lo narrado.

Life imitates art, una de las tantas e inolvidables escenas de la película El día más largo (1962), que narra el desembarco de Normandía, muestra a un paracaidista norteamericano colgado del pináculo de la iglesia del pueblo de Sainte-Mère Eglise, mientras, abajo en la plaza, los compañeros combaten con los nazis. Historia digna del Barón y su caballo colgado de la torre de la iglesia, pero que realmente le ocurrió al paracaidista John Steele; en la película la escena es representada por el expresivo Red Buttons -el primer plano de los ojos de pavor de Buttons cuando un soldado alemán, alertado por el ruido de una teja que desprendió en su intento por liberarse, mira hacia arriba, donde él cuelga en la oscuridad, vale por toda la película-. Un vitral en la capilla de la iglesia de Sainte-Mère Eglise recuerda el hecho y muestra a la Virgen María en una imagen central y dos paracaidistas, uno de ellos es John Steele, que sobrevivió al incidente, luchó hasta el final de la guerra y fue condecorado. “Cualquiera que abrigue la menor duda puede ir a la Luna y convencerse de que me he ajustado a la verdad”, dice el Barón al final de “Décima aventura marítima”.

En 1853 se publicaron en Francia Las aventuras del Barón de Münchhausen, traducida por Téopile Gautier e ilustradas por Gustavo Doré, imposible imaginarse otras ilustraciones para ese relato. Al principio del libro, el dibujo de una escultura del busto del Barón con su escudo nobiliario donde resalta su divisa “MENDACE VERITAS” (En la falsedad la verdad); también puede ser la divisa de las fake news y la posverdad. En el pedestal del dibujo de la escultura figura el nombre del autor y una fecha: “Canova 1766”.

El escultor veneciano Antonio Canova (1757-1822) no hizo ninguna escultura del Barón de Münchhausen; pero su rostro es muy parecido a la caricatura del busto del Barón de Münchhausen que dibujó Gustavo Doré.

 

 





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